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¡Somos lo mismo … pero diferente!

Somos lo mismo pero diferente

Toda la enseñanza de Gautama el Budha apunta hacia la realidad, a la verdad. El Budha Dharma (el camino) nos aproxima a ello. El mismo Jesús, el Cristo, retoma el mismo camino al señalar con categórico entusiasmo: “La verdad os hará libres”.

¿Somos conscientes de que ese es el camino?

¿Nuestra práctica, nuestro compartir o nuestra enseñanza apuntan hacia la proximidad de la realidad y la verdad?

¿Somos conscientes de que hablamos de consciencia, estando la mayor parte del tiempo, inconscientes?

¿Qué tanto nuestra práctica, compartir o enseñanza habita en la caverna de la ilusión y la fantasía?

¿Qué tanto nuestra práctica nos acerca a la realidad y a la verdad o, por el contrario, nos mantiene en el espeso humo de la fantasía, la ilusión, el sueño y la irrealidad?

¿En verdad, nuestro compartir o enseñanza apoya la aproximación a la verdad y a la realidad, a nosotros mismos o a otros seres?

O, por el contrario: ¿Somos coproductores hollywoodenses de “fantasías animadas de ayer y hoy”?

Ya lo recordaba el famoso psiquiatra y psicólogo suizo, Carl Gustav Jung, a mediados del siglo pasado: “Nadie se ilumina fantaseando figuras de luz, sino haciendo consciente su obscuridad.”

Con total respeto, pero con unidad de rigor, considero que muchos de quienes decimos estar en la búsqueda, el sendero o el camino del despertar de la consciencia, terminamos transitando súper avenidas perfectamente asfaltadas e iluminadas, en autos de gran lujo y comodidad. Convirtiéndonos en magos del ilusionismo y en promotores de figuras de luz.

Cambiamos las Iglesias, Mezquitas, Sinagogas, etc., por salas holísticas de yoga y/o meditación, llevándonos los inciensos y las velas; y, en lugar de las imágenes religiosas las hemos cambiado por las fotos de nuestros amados maestros (Osho, Krishna, Mahavira, Krishnamurti, Yogananda, Patanjali, Budha, etc.). En lugar de alba, casulla, estola y solideo usamos ropajes blancos, kurtas, malas colgando de nuestros cuellos y turbantes que, mucho más vistosos, cubran nuestras ideas condicionadas. En vez de recitar oraciones, ahora cantamos mantras, que ni siquiera entendemos.

Ya no hablamos de Santísima Trinidad, ahora hablamos de siete chakras y, en lugar del habitual saludo de la paz, en la misa dominical, ahora nos reverenciamos con nuestras manitas juntas en señal de Namaste, aunque ni siquiera sepamos lo que significa. En lugar de Sacerdotes o Ministros de Culto, hoy tenemos Gurús, Maestros Espirituales, Guías o Terapeutas, quienes en lugar de dar sermones a su feligresía, dan pláticas a sus seguidores o discípulos, quienes en vez de diezmo o limosna, terminan pagando cantidades exorbitantes por prácticas, cursos, talleres o terapias.

Los confesionarios ahora son hermosos consultorios de terapia alternativa. Y, en lugar de pan y vino, ahora compartimos galletitas y delicioso té chai. En vez de hablar con Santos y Vírgenes, ahora tenemos contactos con entes de luz y seres pleyadianos. ¡Somos lo mismo… pero diferente!

Y todo ello tiene su razón de ser o ¿surrazón de ser? Pues la consciencia no vende. Eso lo saben bien quienes están al frente de las instituciones religiosas. Por eso, digo yo, hemos terminado por vender lo mismo, pero en envoltorios diferentes. En total olvido de apoyar a las gente a tomar consciencia de su obscuridad y acercarse a la realidad y a la verdad.

sombras y luces

¿ A qué me refiero querido lector? ¡Verá Usted !   De una u otra manera, quienes andamos en esto de lo holístico, pretendemos acercarnos a la realidad y a la verdad, pero usando los mismos métodos y argumentos que, en algún momento, nos mantuvieron en el ostracismo de la fantasía. Mucho de ello, fomentado y vivido en dogmas de fe, religiosos, de los que intentamos tomar distancia e inclusive escapar. Sin embargo, seguimos manteniéndonos (porque así lo aprendimos) en una actitud infantil que, inmadura, cree y promueve todo lo que le dicen, sin cuestionar nada y se fascina con la ilusión y el producto de su imaginación.

Quedándonos en la periferia, comodidad y seguridad (aparentes) del sueño, sin entrar al verdadero fondo del asunto. A veces muy incómodo y doloroso por cierto, de nuestra obscuridad. Seguimos dando mucho más importancia a las formas que al contenido. Ponemos especial cuidado en el vestir, en el comer, en los adornos y en el sentir bonito y, nos quedamos en la misma periferia de antes, aunque los contenedores, ahora, sean diferentes, sofisticados y modernos.

Cambiamos las Iglesias, Mezquitas, Sinagogas, etc., por salas holísticas de yoga y/o meditación, llevándonos los inciensos y las velas; y, en lugar de las imágenes religiosas las hemos cambiado por las fotos de nuestros amados maestros (Osho, Krishna, Mahavira, Krishnamurti, Yogananda, Patanjali, Budha, etc.). En lugar de alba, casulla, estola y solideo usamos ropajes blancos, kurtas, malas colgando de nuestros cuellos y turbantes que, mucho más vistosos, cubran nuestras ideas condicionadas. En vez de recitar oraciones, ahora cantamos mantras, que ni siquiera entendemos. Ya no hablamos de Santísima Trinidad, ahora hablamos de siete chakras y, en lugar del habitual saludo de la paz, en la misa dominical, ahora nos reverenciamos con nuestras manitas juntas en señal de Namaste, aunque ni siquiera sepamos lo que significa. En lugar de Sacerdotes o Ministros de Culto, hoy tenemos Gurús, Maestros Espirituales, Guías o Terapeutas, quienes en lugar de dar sermones a su feligresía, dan pláticas a sus seguidores o discípulos, quienes en vez de diezmo o limosna, terminan pagando cantidades exorbitantes por prácticas, cursos, talleres o terapias.

Los confesionarios ahora son hermosos consultorios de terapia alternativa. Y, en lugar de pan y vino, ahora compartimos galletitas y delicioso té chai. En vez de hablar con Santos y Vírgenes, ahora tenemos contactos con entes de luz y seres pleyadianos. ¡Somos lo mismo… pero diferente!

Y todo ello tiene su razón de ser o ¿surrazón de ser? Pues la consciencia no vende. Eso lo saben bien quienes están al frente de las instituciones religiosas. Por eso, digo yo, hemos terminado por vender lo mismo, pero en envoltorios diferentes. En total olvido de apoyar a las gente a tomar consciencia de su obscuridad y acercarse a la realidad y a la verdad.

Resulta ahora más “nice” tomar clases de meditación o yoga, que ir al templo. Y parece mucho más sofisticado hablar con pleyadianos que con santos fuera de moda. ¡Hemos modernizado el mercado y encontrado nuevas formas de explotar la inconsciencia! Pero, ¡sólo es otra cara de la misma moneda!

¡Más aún! Con argumentos más sofisticados, pero igualmente absurdos, seguimos pensando que nuestra práctica, linaje y maestro es mucho mejor que las prácticas, linajes y maestros de otras tradiciones. Quizás porque ya estuvo en India o porque su sala de meditación y yoga está en la colonia ricachona. Seguimos creyéndonos en poseedores de la verdad, en olvido de que la verdad, ni siquiera puede ser pronunciada.

Seguimos vendiendo bálsamos, ungüentos y experiencias místicas que sólo ofrecen un bienestar pasajero y hasta hedónico. Porque no hemos encontrado el bienestar genuino y verdadero de nuestra naturaleza búdica. Quizás, porque ni siquiera estamos seguros de que exista o, posiblemente, porque se nos acabaría el negocio y, con ello, la naturaleza exacta de nuestra intención y cómoda realidad.

¡Pobres de nosotros, seres divinos, que vivimos experiencias tan inconscientemente humanas! Por eso, entre otras muchas cosas, sigue costando tanto que el individuo (y la humanidad) despierte, pues quienes deberíamos de acercarnos a la verdad, nos alejamos constantemente de ella para poder sobrevivir.

Ahora bien, evidentemente no todos. Siempre habrá sus muy honrosas excepciones. Lo más seguro es que Usted sea una de ellas.

Perdóneme Usted querido lector. Seguramente, con todo lo que he dicho, sólo quiero jalar agua para mi molino. Pues sigo buscando maneras de terminar de pagar mi coche… ¡posiblemente igual que Usted! Disculpe por favor mi pretenciosa postura. Y más aún, disculpe mi irreverente y fantasiosa argumentación que, probablemente, esté tan alejada de la realidad y la verdad, como el que suscribe.

¡En realidad y en verdad… lo siento!

<a href="https://turevistadeyoga.com/author/nandusahi/" target="_self">Nandu Sahi</a>

Nandu Sahi

Durante estos años he tenido la oportunidad de compartir meditaciones, conferencias, talleres y terapia individual en gran parte de la República Mexicana. Tuve el privilegio de ser socio y director de Osho Meditation Center Toluca y Osho Meditation Center México. He tenido la oportunidad de escribir para diferentes revistas como Osho Times en Español, el Buscador, Que tal Fernanda y, durante varios años, para los periódicos el Sol de Toluca y el Portal de Toluca.

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