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El hombre que se mira en el espejo

Libro el hombre que se mira en el espejo

El autor de esta serie de libros, un viejo monje urbano, practicante de yoga, maestro de meditación y combate zen, cuyo monasterio (más cercano a las tradiciones asiáticas e indoamericanas que a las occidentales) es todo el universo, y sus hermanas y hermanos monjes: todas las criaturas vivientes en el vasto universo, se pregunta, una y otra vez -desnuda su alma, encendiendo la luz de su consciencia y mirándose frente al espejo interno de su vida entera-, acerca del amor y la sexualidad humana.

En su Libro Primero: LOS HALLAZGOS prodigiosos, este autor de un texto tan singular, se atreve a mirarse a sí mismo, como hombre, desnudando sus entuertos: ficciones, sueños, imaginerías, acciones y algunos aciertos. Se atreve a reconocerse como es y no como lo han descrito -detractor@s o admirador@s-, o como ha ensoñado. No es siquiera, un ejemplo de lo que, desde la escuela, el catecismo y la televisión, intentaron inculcarle de lo que era un hombre verdadero: brutal, insensible, racional, competitivo y práctico. Ni lo que la nueva secta LGBT impone a sus feligreses (muchas chicas y chicos desvalidos ante el sistema capitalista y sus demonios), amaestrados por la moda consumista y el ocio de occidente. Se atreve y da un primer paso para la desactivación de sus mecanismos más profundos y sus vasanas (en el lenguaje del yoga: hábitos mentales que tienden a actualizarse): machistas, manipuladores, impositivos, intolerantes y violentos, en un recorrido fascinantes (interior y externo) rodeado de luces que lo fuerzan a tener consciencia, muy a su pesar, la mayoría de las veces.

Describe, en este primer libro, su hallazgo del universo infinito, desnudo ante el cosmos, siendo niño; describe su anonadamiento al dibujar o dejarse tocar por los dibujos excelsos (que ilustran el libro) de su abuelo revolucionario, masón grado 33, poeta y pintor extraordinario y nos hace íntimos en el descubrimiento de su sexualidad primera y otros descubrimientos terribles y dichosos. Así, a lo largo de 35 historias breves, nos lleva por otros hallazgos prodigiosos: un Maestro verdadero de sabiduría en pleno siglo XX, unos senos radiantes, el primer beso, el primer arrebato de amor inusitado, colinas, colores, sabores y músicas excelsas. La furia del rock y lo sublime de las ragas y los cantos místicos, conciertos en vivo y cantatas.

Este hombre nos quiere envolver en el manto sagrado de su poesía, y al final de cada historia ofrece un verso. Poética zen. Un verso que nace y brota del ser profundo, en el momento de tomar consciencia, donde anidad y nacen: la luz, el vacío y el silencio. Poética zen: canto del presente eterno.

Él mismo explica en la introducción:

“Aquella noche de primavera del 2019, Anantli me leyó una de sus historias de vida en la que yo soy uno de sus personajes vivientes. Dicha historia estaba escrita en tonos y estructura similares, a las que yo escribía en algunos de mis textos poéticos. Entonces me di cuenta que estábamos creando un nuevo estilo literario, y le propuse que lo llamáramos: Realismo poético.

Ella, pensativa y sensible, me miró unos instantes y yo expliqué entonces el porqué de ese nombre: era un nombre que estaba, enteramente sustentado en nuestras experiencias de vida, no sólo reales, sino verdaderas. Es decir: tomadas de nuestra vida real, pero con un sentido de verdad y trascendencia. Aspirando siempre a la luz de la consciencia.

Semanas más tarde, después de trabajar incansablemente en la redacción de este texto que aquí comparto con ustedes, corregí lo que le había propuesto antes y le propuse otra noche: “Mejor deberíamos nombrarlo: “Realismo de la Flor y el Canto”, honrando así a tus ancestros directos de la nación mexica, y a los míos, más lejanos aún, del mismo tronco cultural indígena de Tacubaya, donde nací, en la ciudad de México”.

Le recordé entonces, cómo nuestros antiguos habitantes del Valle de Anáhuac, Teotihuacan, la Grandiosa México Tenochtitlan y zonas aledañas, solían representar el habla de los personajes dibujados en sus códices o esculpidos en sus bajorrelieves, con una voluta saliendo de su boca, muy parecida a los globos de historieta en los comics modernos. Y que para representar a los poetas recitando sus versos, se representaba, la misma voluta, como una flor. Arte al cual nombraron: “Flor y Canto”: in Xóchitl in Cuicatl.

Además, como la nuestra, la poesía náhuatl es cosmogónica. Es decir: se ocupa de los temas esenciales y profundos que nos dan existencia y sentido como humanos. Y como los nuestros, dichos poemas son un diálogo de nuestros corazones con lo divino y con el mundo; con la vida misma y su esencia.

Ella entonces me miró con su bellos y profundo ojos negros de asombro, y propuso algo mejor: “O también puede ser: “Realismo del Canto Florido”. Y así quedó desde entonces.

Por supuesto que lo que piensen los “especialistas”, “críticos” y “expertos”, nos tiene sin el menor cuidado. Estos textos no son para su disección y crítica, sino para tu disfrute y trascendencia”, y agradece el autor, escuetamente a sus lector@s.

No es esta, pues, la literatura de los catedráticos o los especialistas. No es para los intelectuales que padecen soberbia y una mente intoxicada con ensueños, fármacos o enervantes. No nace de la oscuridad y sus agravios ni de la neurosis contemporánea de Occidente que celebra, venera y vende todo aquello que es: estridente, denigrante, sombrío o grotesco. Tampoco es una literatura de “entretenimiento” sino de trascendencia. Invita a liberar el alma y el pensamiento, masajea, arrulla y sana; confronta, remueve y despierta. No hace concesiones de género, sectas o partidos políticos, ni promueve la apología de un hedonismo trasnochado y sin salida. Se aparta de la veneración contemporánea a la violencia y al imposible “placer sin límites” de los sentidos.

De tal suerte que se une, a la forma e intención, conscientes, en las que el Gran Maestro de danzas, El Griego Negro, El Tigre del Turkestán, Monsieur George Ivanovich Gurdjieff, presenta su obra: “Relatos de Belcebú a su nieto”.

He aquí lo que el insigne sabio escribe y nuestro autor adopta:

“Tengo el alto honor de informaros que si bien, debido a ciertas circunstancias surgidas en una de las últimas etapas del proceso de mi vida, me dedico actualmente a escribir libros, no sólo jamás he escrito libro alguno durante toda mi vida ni trabajos de esos que llaman «artículos», sino que tampoco he escrito siquiera una carta donde fuera inevitable observar lo que se llaman «reglas gramaticales» y, en consecuencia, aunque estoy a punto de convertirme en escritor profesional, como no he tenido en absoluto práctica alguna en lo concerniente a todas las reglas y procedimientos profesionales establecidos, o en lo concerniente a lo que suele llamarse la «lengua literaria de buen tono», me veo forzado a escribir en forma totalmente distinta a la que los «escritores patentados» suelen usar, forma ésta con la cual el lector debe hallarse tan familiarizado como con su propia cara”.

Es decir: el autor nos anuncia que sus textos, son perfectamente comprensibles para todo público, y nos previene de no ser uno de esos “autores patentados” e inventados por la, cada vez más quebrada, rapaz, nepotista y frívola industria editorial de nuestros días (con sus honrosas excepciones).

Es un autor que únicamente pretende compartir su trayecto de vida en el camino de la consciencia de sí mismo y el servicio a los demás seres. En una larga meditación, que provoca estados de meditación intermedios en sí misma, fluyen las historias de vida en este texto.

El Yoga aquí, no es exaltado como simples piruetas acrobáticas, huecas y de moda, la meditación aquí no se presenta como escape o cómodo adormecimiento, ni el arte como neurosis o descarga delirante de frustraciones innombrables. Pero mucho menos, nos lleva por una sexualidad vulgar, banal, torcida u opresiva o una idea y vivencia del amor fantasiosa y ramplona.

Este yoga al que se aferra el hombre que se mira en el espejo, es uno de cada día en cada instante. Le fue transmitido, directamente, por más de diez años, por un verdadero “Disipador de las Tinieblas”, o Gurú contemporáneo, cuyo Maestre (Maestro de Maestros) presenta un yoguismo adecuado a la mentalidad latino americana y caribeña de nuestros días. No hay entuerto en ello. Ni cursitos, audios, libros, videos, ni talleres fatuos, ni encierros o retiros ensoñados -y bien cobrados, sólo al buen postor. Su entrenamiento viene de las clases populares y en ellas se expresan sus más ejemplares yoguis y yoguinis.

Este arte poético, teatral y de la vida que propone, es un arte del retorno a la mística y esta sexualidad sagrada que busca y vive: un arte supremo en sí mismo. Es también un compromiso y una responsabilidad social para la liberación de nuestras familias y comunidades.

Los pasajes radicales, en cuanto a ideas y quehaceres revolucionarios, apuntan hacia la liberación real, y de raíz, de la odiosa opresión, miseria e ignorancia de nuestros pueblos, en el sagrado continente: Amerricúa, La Tierra de los Vientos, y el Caribe. Una liberación desde “los hielos extremos en el norte”, hasta “los hielos extremos en el sur”, como ha escrito en otro texto (“El color de la calle”).

Construye y propone: “Una revolución simple”, que no nace de tertulias de bohemios trasnochados, émulos de la decadente Europa y sus vicios idolatrados: el consumo desmesurado de: alcohol, animales sacrificados, drogas y sexualidad obsesiva y misógina. El autor propone una revolución en el terreno del espíritu y desde la consciencia espiritual iluminada, hacia los Derechos Humanos, la Justicia Restaurativa y Social, y los principios morales universales, que están en la base ética de todo tipo de transformación benéfica de los pueblos.

Para el autor no hay lugar a dudas: las mujeres de la tierra despiertan. Las revoluciones del agua, la tierra y la educación nos lo demuestran. Su liberación, la de ellas, afortunadamente, es inminente e imparable. Su liberación, profundamente interior y espiritual, se expresa en los ámbitos: social, económico, político y cultural. Ellas son la divina Shakti de la tradición del yoga, la Kuan Yinn (Madre compasiva, protectora de la niñez) o Avalokiteswara, en la tradición budista y la madre Tierra en las tradiciones indoamericanas. Poder, luz y amor universal. Sostenedoras, alimentadoras de los hijos de la tierra.

El yoga, la meditación, las danzas sagradas, la comida saludable, las terapias lúdicas, los círculos de mujeres y el arte, en particular, son sólo algunos de sus medios de realización. Ellas han alzado la voz contra la opresión psicológica de su propia condición, a la que han sido sometidas por siglos. Ellas han planeado, organizado y llevado a cabo cambios impensables en nuestras vidas. Han impulsado transformaciones necesarias desde lo individual, como parejas, al interior de sus familias y comunidades, y sus protestas y exigencias aturden a los corazones envilecidos. Ellas han despertado.

Sus manifestaciones de hartazgo, ahora parecen incomodar a “las buenas consciencias”: los conservadores y sus esposas puritanas, los descendientes de los invasores europeos y estadounidenses, que durante siglos han implementado su opresión. Les incomoda su despertar. Como si ellas: las que han sido sometidas, violadas, abusadas, manipuladas, oprimidas o asesinadas, fuesen la causa de su propio sufrimiento y sus desgracias. Como si ellas, sólo ellas, tuvieran que enderezar este entuerto o fuesen las responsables y culpables de su ruina.

“¿Y los hombres, qué? ¿Qué es un hombre? ¿Dónde y cómo estoy yo como hombre?”, parece preguntarse el autor a lo largo de sus historias breves, y su mirada se desliza, en una de ellas, donde revisa a los hombres que se cruzaron por su vida: “¿Macho? U hombre verdadero”, es la pregunta que subyace al texto.

“Macho: Animal de sexo masculino”, dicta el diccionario. Distinto, y acaso, opuesto a: “hombre”: “Ser vivo que tiene la capacidad de razonar”. Naturalmente que también es preciso tomar en cuenta las definiciones de: “hembra”: “Animal del sexo femenino”, distinto a: “mujer”, “persona de sexo femenino”, a la que, por definición en el diccionario, la cultura patriarcal, misógina y machista, no atribuye el uso del sentimiento o la razón.

Sí, esta obra pone al descubierto esas trampas y falacias, esos recovecos y hallazgos virtuosos de la polaridad universal y energética: masculino y femenino.

Entonces viene a su mente aquella canción de una de las profetizas del rock, de su lejana adolescencia. Joan Baez, quien cantaba en las protestas contra la guerra de Viet Nam: A dónde se han ido todas las flores.

¿A dónde se han ido todas las chicas jóvenes, tanto tiempo ha pasado?..

¿A dónde se han ido todos los chicos jóvenes, tanto tiempo ha pasado?..

¿A dónde se han ido todos los esposos, tanto tiempo ha pasado?..

¿A dónde se han ido todos los soldados, tanto tiempo ha pasado?..

¿O, cuando van a aprender?..

La respuesta, en nuestros días, parece escalofriante: las chicas jóvenes se han ido a la muerte, sacrificadas por un hombre, o a la farándula, envenenadas por el sistema capitalista y sus pantallas de moda. Los chicos jóvenes se han ido a los ejércitos para matarse hermanos contra hermanos, a las fábricas y oficinas para morir lentamente sus sueños y esperanzas o al comercio y sumisión en el negocio de las drogas. “¿Ya no hay hombres en este mundo?” “¿sólo machos o marionetas?”, parecen revelar estas historias. Y el Maestro Gurdjieff de nuevo le da una pista a este hombre que se mira en el espejo, en uno de los relatos, donde describe su trabajo en un Círculo de Hombres. “¿Qué es un hombre verdadero?”

Parafraseando al sabio del Turkestán: Un hombre verdadero es aquél que reconoce nuestro Gran Propósito Común, y, conscientemente, se dedica a servirlo. Es un ser humano que tiene el propósito de adquirir para sí mismo el “Ser imperecedero”. Es aquél que ha adquirido su propio “yo”, mientras que el hombre entre comillas no es consciente de todo ello, ni tiene un “yo” propio.

Para esta gran empresa, la de transformar el plomo en oro: a un macho en un hombre verdadero, es preciso desarrollar ciertas cualidades superiores: voluntad, amor y sabiduría, de manera simultánea. De ellas nacerá, un valor y una fortaleza invencibles. Ellas asentarán en él, un “yo” genuino, verdadero, más allá de su apariencia.

En ello, hay un acto de valor supremo (una de las cualidades endosadas a los arquetipos masculinos en casi todas las tradiciones sagradas, milenarias), y es, parafraseando a Pierre Reverdy: la de atreverse a “nunca ser el héroe”.

Nunca ser “el macho victorioso que todas las puede”, el arrogante imbécil que compite con su manada a: “quién tiene el miembro sexual más grande”, “quién se ha acostado con más mujeres”, “quién tiene el mejor auto, la mejor casa, la esposa más atractiva” o “quién golpea más fuerte”. Niños peleando por nada. Es esto lo que va reconociendo este hombre a lo largo de su trayecto de narración poética.

Es decir: tener el valor y el poder verdadero para desactivar, acaso el más pernicioso rasgo, en el complejo andamiaje pútrido que crea y sostiene a un “macho”.

Esta experiencia poética de trascendencia, desvela ese dilema.

Soun Wu Kung, el Muy Digno Maestre tibetano, solía repartir papelitos con frases escritas, que le parecían apropiadas al momento y circunstancia de cada uno de sus conocidos y discípulos, en Francia, principalmente.  Una de ellas, especialmente significativa, fue una que copió al poeta Pierre Reverdy.

«Hay un heroísmo terrible. Una decisión difícil de tomar, es el vivir todo lo que se nos presenta sin nunca ser el héroe»
Pierre Reverdy

Esta frase se hace meditación en el autor. Y él la convierte en faro y guía para su urgente empresa por “desanimalizarse”. Es decir: dejar de ser un macho más de la manada.

Reverdy fue un poeta francés surrealista, cubista y creacionista, el poeta místico, quien, de los 37 a los 70 años de edad, cuando muere, vivirá recluido en la abadía de Solesmes, un monasterio benedictino, donde florecerá la fragancia sublime de la mayoría de sus obras.

Este poeta francés, se entregó a “una búsqueda del ascetismo, de la esencia de las cosas, de su pureza… Es una poesía que nace completamente de una experiencia interior, del contacto con las cosas concretas”, como bien expresa la Enciclopedia Biográfica en Línea. Sin duda, la frase que copió y entregó alguna vez a su discípulo Serge Beùcler el Maestre tibetano, revela su creación, proveniente de “un hombre verdadero”, y no de un “macho”.

“¿Dónde están los hombres?”, se vuelve a preguntar una y cien veces, y sólo atisba manadas y hordas de machos a la deriva; infames representaciones de nuestro Creador Común y su divino plan cósmico, liberador.

“¿Dónde están los hombres?”, y vomita los aromas y gestos artificiales de los machos endiosados por la publicidad de los eunucos capitalistas. Y son pocos los que aparecen. Pero esos pocos -músicos, poetas, filósofos, sabios, monjes meditantes, santos y ascetas-, lo acompañan, lo guían, lo sostienen.

Ellas, en cambio, todas: luces que se apagan y se encienden.

Sensibles compañeras, furiosas madres o abuelas que defienden a sus hijos, nietas, hijas, familiares, compañeros y compañeras; defensoras de sus comunidades y tradiciones sagradas, gloriosas activistas, feministas o revolucionarias. Estas son algunas de las mujeres con las que este hombre se mira, también, en el espejo.

Poetizas, bailarinas por la vida, actrices de sus comedias y tragedias, pintoras de los colores de su alma, o del blanco y negro de su desgracia.

El autor insiste en la congruencia, al ver sus abismales incongruencias. Insiste en la paz al ver su violencia verbal. Insiste en el amor al ver su desamor hacia sí mismo y hacia los demás seres, a lo largo de extensos periodos de su vida. Pero también vuelve el teatro a darle “rostro y corazón” a lo que busca, en sí mismo, enfrentando el escenario de su propia historia.

Este monje singular no quiere fama, aplausos, riquezas o mujeres postradas ante su ego. Ha querido desbaratar ese infame vómito del macho en sus palabras, pensamientos, sentimientos y acciones, hacia sus hermanas las mujeres todas. Ha querido dignificarse dignificándolas, y atraerlas: honesta, dulce y conscientemente, al ofrecerles las mejores joyas: aceptación incondicional de sus decisiones, apoyo irrestricto a sus procesos de liberación social e individual y acompañamiento amistoso, amoroso, sensual, festivo y glorioso a través de los senderos en los que coinciden.

“El hombre que se mira en el espejo”, en su Libro Primero ofrece tantos colores y sabores, sonidos tenues y aguerridos, que pretenden despertar al amor supremo: Yug: unión de Jivatman con Paramatman, el alma individual con el alma del universo.

El yoga es entonces vida diaria, la meditación: un estado permanente de despierto y presencia, aquí y ahora. Ningún remordimiento por las acciones del pasado, ninguna esperanza por el futuro. Ningún acopio de bienes materiales o reconocimientos: un espacio vacío.

Silencio. Luz dorada que lo protege todo, y silencio. En el vacío: flotan el ser y la nada.

Ven. Toma este néctar. Lee, acércate más a mirarte en el espejo.

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<a href="https://turevistadeyoga.com/author/bensantamaria/" target="_self">Benjamín Santamaría</a>

Benjamín Santamaría

Nació en la moderna Tenochtitlán (Cd. de México). Fue designado primer Ombudsman de la Niñez y solicitó refugio en Canadá dónde fue designado primer Escritor en Residencia por parte de PEN Canadá, en dos universidades y un College. Concluyó su certificación como Profesor de yoga en el Sivananda Ashram de Quebec y en Yoguismo en México. Ha sido practicante de meditación zen por más de 45 años. Escribe para la niñez y adolescencia sobre temas sociales y desarrollo espiritual.

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